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Mostrando las entradas de junio, 2015

Viernes-casi-sábado. Casi.

Una gotita de lluvia resbalando por el cristal de la ventana, que después de darle vuelo a la cabeza se convierte en 12,000 gotitas de lluvia que se asoman entre las persianas, espiando el interior del cuarto. Es sólo una estimación, claro. Bien podrían ser más o menos, pero creo es un cálculo bastante acertado dada la cantidad de gotas que alcanzo a contar echado en la cama y con la luz del farol acusando a la lluvia que decide quedarse a pasar el rato, cayendo lenta e inevitablemente del segundo piso al garaje, donde por cierto no está estacionado el usual auto blanco con la calcomanía del pez naranja pegada en la parte trasera, cerca de la calavera derecha. Es una noche de viernes-casi-sábado, una noche como las de hace algunos años, que me hacían querer salir a caminar y ver los edificios viejos pero brillantes del centro. Mojados pero plácidos. Gozosos de lo que pasa, aunque no tengan la más mínima posibilidad de controlar lo que caiga sobre ellos, sea lluvia, polvo, la orina de